Cuando Fox llegó #DóndeNoLlegaNadie

Él era un hombre lleno de defensas, quizás lo que había vivido a lo largo de su vida no le dejaba confiar mucho en los demás. Por casualidad coincidió con Fox, el cual tampoco había tenido una vida fácil hasta que fue adoptado, entonces su vida cambió, lo que no sabía aquel hombre de ojos tristes, es que la suya también cambiaría desde aquel momento en que sus vidas se cruzaron.

La historia comienza el día que conocimos su caso. Su vida había sido apasionante, deportista profesional que llegó a tocar el cielo con todo lo que consiguió. Aquello no duraría mucho porque su vida se truncó dándole quizás el golpe más duro que jamás antes había recibido; aquel cielo se convirtió en un techo bajo el que dormir cada noche y ahora, lo único que le acompañaba era su enfermedad de Alzheimer, la cual no le permitía recordar lo importante que llegó a ser un día para alguien.

Cuando le conocimos, hacía ya unos años que vivía en la residencia, donde llegó rodeado de escudos que le protegiesen de aquella vida que tanto daño le había hecho. No era fácil, para aquellos que le rodeaban, la convivencia con él, llegando incluso a dudar en su inclusión en el grupo seleccionado para desarrollar el proyecto. Pero, aquel “caso imposible” en el que muchos habían dejado de creer, no podía estar fuera, Fox no iba a querer algo así. Él jamás le juzgaría y siempre le acompañaría, los perros tienen esa capacidad tan especial de estar ahí sin pedir nada a cambio, seas como seas, buscando de forma constante complacer al otro y haciéndonos sentir la persona más especial y querida del universo.

“Él jamás le juzgaría y siempre le acompañaría, los perros tienen esa capacidad tan especial de estar ahí sin pedir nada a cambio, seas como seas, buscando de forma constante complacer al otro y haciéndonos sentir la persona más especial y querida del universo”

La vida de este hombre se llenó de “vacíos” y las sesiones que se realizaron con el grupo, gracias al apoyo imprescindible de Fox, lo que pretendían era llenarlos, quizás no de lo que había antes en ese lugar, pero sí con otras cosas que a veces están muy olvidadas en el trabajo con personas mayores, sus propias capacidades y fortalezas.

Desde el principio en las sesiones se le facilitó un espacio cómodo y se le situó cerca de la puerta por si sentía la necesidad de salir, lo cual le ocurría siempre al poco tiempo de estar en alguna actividad. Cual fue la sorpresa de todos cuando desde la primera hasta la última sesión se mantuvo inmóvil en su silla hasta el último momento, buscando quizás absorber hasta el mínimo ápice de la energía tan positiva que allí se respiraba. Sus rasgos, tapados por una frondosa barba dejaban entrever el esbozo de una sonrisa cada vez que Fox pasaba por su lado, éste siempre era el momento oportuno para extender sus brazos a él y acariciarle, buscando el gesto amable de aquel animal. Esa afectividad pronto se fue extrapolando hacia otros compañeros, mostrando su cariño y apoyo a través de pequeños gestos como posar su mano sobre el hombro de otro compañero, como muestra de apoyo, cada vez más complice.

Conforme las sesiones iban avanzando los cambios eran cada vez más visibles también fuera de éstas. La relación con las terapeutas y resto de profesionales fue mejorando. Incluso, aquellos pocos días en los que su salud no le dejó asistir a las sesiones, permitió la entrada de Fox a su habitación, algo extraño para todos. Por fin esos escudos empezaban a caer dándole paso a la confianza, aquella eterna olvidada para él. Fox se convirtió en un recuerdo, que quizás un día esa enfermedad acabará condenando al olvido pero lo que jamás podrá borrar será el vacío que Fox consiguió llenar con la simplicidad de este amor incondicional que le acompaña.

Fuimos testigos de un despegue a nivel afectivo, emocional y de cohesión sobre todo con el equipo y con sus compañeros más cercanos. Desde el equipo de Souling, agradecemos su esfuerzo y su constancia. Ahora él vuelve a ser un héroe para muchos y se ha convertido en una lección de cómo variando y promoviendo nuevas opciones de tratamiento podemos conseguir metas que mejoran la calidad de vida de las personas mayores complementando los cuidados y tratamientos habituales de los centros residenciales y aportando una visión distinta a través herramientas muy útiles, como lo es la Terapia Asistida con Animales.

Éste es sólo un maravilloso ejemplo dentro de un grupo que ha evolucionado de forma evidente que nos hace aprender y nos motiva aún más para seguir trabajando en este apasionante ámbito con profesionales tan sensibles y capaces de transmitir tanto a través de la intervención como Fox que ya se ha hecho un hueco en las memorias y en los corazones del grupo de terapia de la Residencia Nuestra Señora del Carmen, en la que tuvimos el placer de llevar a cabo un Proyecto Pilo de IAA a través del Servicio de Intervención Canina de la CAM .

 

GRACIAS

Celia Parra Cepeda

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